
Autor: Juan Luis Caviaro
Paramount Pictures ha firmado con Brad Pitt y Natalie Portman para que protagonicen una comedia romántica basada en el último libro de Leanne Shapton, que, atención, se titula ‘Important Artifacts and Personal Property from the Collection of Lenore Doolan and Harold Morris, Including Books, Street Fashion, and Jewelry’ (“Importantes artefactos y propiedad personal de la colección de Lenore Doolan y Harold Morris, incluyendo libros, moda callejera y joyería”). Cuatro elefantes y dos hoteles a que no le dejan el mismo título a la película.
El libro de Shapton está construido como si fuese un catálogo, incluyendo más de 300 entradas y fotografías de objetos que revelan momentos privados, el comienzo y el final de una relación que duró cuatro años. La pareja, ficticia, está formada por Hal Morris, un fotógrafo de unos 40 años, y Leonore Doolan, una crítica gastronómica a punto de cumplir los 30. Tengo la ligera sospecha de que Pitt encarnará a Morris y Portman a Doolan. A priori, hacer una película de 300 descripciones y fotografías de objetos no tiene demasiado sentido, pero la idea del libro es estupenda y si el guionista encargado de la adaptación (que aún no ha sido contratado) no es torpe, el proyecto puede ser interesante, contando la historia de una pareja a partir de los objetos más representativos.

Allá por verano de 2007 estalló una noticia que resultaba cuanto menos escandalosa: Ridley Scott, uno de los mejores cineastas del planeta, había sido contratado para dirigir una película basada en ‘Monopoly’, el famoso juego de mesa.
La cosa no parecía seria y realmente la información aún no estaba confirmada, así que todo se fue olvidando, como un mal recuerdo que deseamos olvidar cuanto antes. Sin embargo, todo era cierto y, lo quisiéramos o no, el proyecto estaba en marcha. Recientemente, casi dos años después de aquella noticia, Scott y el productor Brian Goldner (jefazo de la empresa Hasbro) se han referido a la película, confirmando que está en la agenda del director y que, más tarde o más temprano, será una realidad.
Mi nombre es Harvey Milk
Marzo 2, 2009

Autor: Gabriel Ferreiro
El extraño Gus Van Sant es uno de esos grandes hombres de cine dispuestos a no enconsertarse bajo ningún concepto, y de sorprender incluso a los propios acérrimos seguidores. Ahora que parecía dispuesto a llegar más lejos que nadie en su incansable bombardeo de las convenciones narrativas de su país, regresa, en apariencia nada más, a un cine más accesible, si bien minado con inteligentes y sutiles cargas de profundidad que lo alejan de cualquier clasificación facilona.
Pese a todo, su nominación al Oscar como mejor película, entre otras nominaciones (competición a la que ha acudido con la etiqueta de perdedora de relleno, aunque posiblemente sea la más sólida y brillante de las cinco), quizá le haya dado mayor presencia mediática de la que habría tenido en caso contrario, y quizá algunos hayan pensado que Van Sant se ha entregado al mainstream, aunque en opinión de quien esto escribe, el director continúa con su indagación en el derrumbe físico y moral de una Norteamérica paralizada por el miedo y el odio.