‘Prince of Persia: The Sands of Time’, primeros carteles
Julio 27, 2009
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Autor: Alberto Abuin
El 20 de mayo del 2010 se estrenará en los USA una película muy esperada por todos los aficionados al mundo de los videojuegos (mundo del que no ha salido una película buena en la vida): ‘Prince of Persia: The Sands of Time’, de la que aquí tenemos los primeros carteles, que ni siquiera significa que sean los definitivos (los títulos de crédito son sencillamente delirantes). Mike Newell, supongo que con su habitual falta de garra (nunca ha sido capaz de hacer algo mejor que ‘Donnie Brasco’) es el director, y el inefable Jerry Bruckheimer (quien debería recibir clases de Spielberg, a ver si un día es capaz de aunar calidad y comercialidad en la misma película) es el productor.
Jake Gyllenhaal, al que nunca hubiéramos pensado como héroe en una de estas películas, Gemma Aterton, , Ben Kingsley, que participa en cualquier película, y Alfred Molina, son sus principales intérpretes. El argumento de la película seguro que es capaz de explicarlo mucho mejor que yo alguno de los frikis del juego en cuestión, con bifurcaciones incluídas, personajes secundarios, pantallas y fases, segundas y terceras partes. Todo todito, para eso están los comentarios.
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Brüno, el austriaco más famoso desde Hitler
Julio 23, 2009

Autor: Juan Luis Caviaro
Esa línea, rapeada de forma desganada por Snoop Dogg, uno de los famosos invitados que participan en la canción con la que se acaba la película, resume perfectamente la indiferencia que llega a causar, demasiado pronto, el nuevo personaje creado por Sacha Baron Cohen. Tres años después del éxito de ‘Borat’, el cómico británico se vuelve a aliar con Larry Charles para repetir la misma fórmula y tratar de obtener el mismo resultado, dando vida esta vez a un reportero austriaco, gay, obsesionado con el sexo, la moda, el culto al cuerpo… Su nombre es Brüno. Sin el efecto sorpresa, la película debía superar a la anterior en incorrección, crítica y humor, pero finalmente es mucho más floja e inofensiva.
Llevar a la gran pantalla a Brüno Gehard (el apellido se pronuncia como “gay hard”, creo que no necesita traducción), personaje creado por Cohen para la televisión en 1998, parecía la continuación lógica de aquel otro polémico periodista de Kazajistán, cuyas aventuras por Norteamérica sorprendieron y escandalizaron al público en 2006. Sin embargo, la tercera incursión de las criaturas de Cohen en el cine (el rapero Ali G fue el primero, en 2002) está exenta de la frescura y la sorpresa que sí había en ‘Borat’; además, el personaje se agota enseguida, resultando que sus “travesuras” son menos agudas y provocadoras de lo que cabía esperar.
‘Brüno’ empieza sin concesiones ni titubeos, presentándonos adecuadamente al bizarro protagonista que encarna , un presentador de un programa de moda de la televisión austriaca. En poco tiempo se nos da una descripción bastante exacta de quién es este tal Brüno, qué hace, qué le gusta, qué no, etcétera. Y ya desde el principio se puede ver el principal problema de la película, que a Sacha Baron Cohen le gusta demasiado su personaje y no sabe cuándo parar, creyendo que cualquier cosa que hace es graciosa o tiene algún valor. No es así, y ya en los primeros minutos asistimos a escenas que duran más de lo necesario (como todo lo que gira en torno al desfile de Agatha Ruiz de la Prada, explotadísimo antes del estreno por lo que ya es difícil reírse con algo de lo que se ve aquí) o que sencillamente sobran (como lo del saludo repetido a los espectadores del programa).
Ya en este primer tramo se ve que Cohen va a aprovechar al máximo las posibilidades que le da tener a un personaje gay totalmente descontrolado, deseoso de mostrar sus encantos y su sexualidad al público. Desde el principio no se corta un pelo, y durante el resto de la película asistiremos a todo tipo de comportamientos exagerados que van desde mostrarnos las burradas que hace con su pequeño novio (de nombre Paul Gasoil, si no recuerdo mal) a un primer plano de su supuesto pene bailando y dando vueltas (una escena que sobraría, por aburrida, si no fuera por el toque final, que me hizo estallar en carcajadas). Este tipo de situaciones, evidentemente, espantará a un público desinformado que no sabía donde se metía, pensando que iban a ver la última película que se ha puesto de moda, y que podríamos clasificar en dos grupos: el primero, padres y madres con sus críos, que no deberían perder ni un segundo para salir pitando de la sala; el segundo, homófobos, a los que Cohen dirige sus ataques, y oye, si se han sentido ofendidos y dolidos por lo que han visto, por mí genial, me gustaría pensar que incluso han tenido pesadillas donde son perseguidos por un hombre que les intenta atacar con dos consoladores.
Cohen sabe que si ‘Borat’ triunfó fue porque trasladó a su personaje a Estados Unidos, así que vuelve a repetir la jugada. Brüno mete la pata, es despedido, y hundido en la miseria decide viajar a Los Angeles a buscar la fama y recuperar el prestigio que creía tener. La película, que ya se estaba estancando nada más empezar, retoma el vuelo y parece encaminarse bien, lanzándose a poner en evidencia la moralidad, las costumbres y la educación de los todopoderosos norteamericanos, esa sociedad que tantas veces ha sido puesta como ejemplo en las películas de Hollywood, pero que en realidad puede dar más miedo que un puñado de alcaldes con mayoría absoluta. Así que, como si fuera la versión “loca” de Michael Moore, Brüno cruza el Atlántico y lleva a su personaje al país donde mejor rendimiento le puede sacar…
O eso parecía. Como en la primera parte, Cohen se lía solo y no sabe cuándo parar, arruinando gran parte de las ideas que vemos en la pantalla. Si uno ha visto el tráiler de la película ya ha visto los mejores momentos de Brüno de Estados Unidos. Poco más hay que rascar ahí. Lo mejor: alguna frase de las entrevistas a los padres que llevaban a sus bebés a una sesión de fotos, la sesión nocturna junto a los tres rudos cazadores (que aunque también dura demasiado, tiene un par de chispazos que provocan la risa descontrolada) y con la visita de Brüno a una fiesta de intercambio de parejas, donde se muestra más cariñoso de la cuenta con los hombres que con las mujeres (igualmente, sobran minutos ahí, como cuando ensaya posturas fuera de la casa).
Luego viene el salto a Oriente Medio, donde se logra arrancar alguna sonrisa entre incontables bostezos, y poco más, quedando al descubierto la falta de dirección de la película, repetitiva y cansina, que avanza de forma penosa hasta acabar en casi una hora y media; cuesta mantenerse despierto, atento. Por otra parte, aquí falla algo fundamental, que en ‘Borat’ no cantaba tanto, y es la verosimilitud de los secundarios que rodean a Brüno, presentados al público como si fueran personas reales en situaciones reales (claro, no son robots en entornos digitales, eso seguro); hay demasiados comportamientos increíbles, actuaciones forzadas (como toda la presentación de OJ, por ejemplo), y eso es letal para el disfrute de esta comedia. El resultado es que hay que ser muy ingenuo, demasiado. Es como tragarse lo que pasó con Eminem en los premios de la MTv, una broma más del irreverente Sacha Baron Cohen, que consiguió confundir a muchos medios, los cuales llegaron a contar el suceso como si el suceso fuera real, como una noticia.
Planificada de otra forma, con ideas más afiladas y objetivos más definidos, ‘Brüno’ podría haber sido no sólo una acertada continuación de ‘Borat’, sino también una gran burla hacia la sociedad “moderna”, obsesionada por la fama y el culto al cuerpo, y no sólo un escupitajo en pleno rostro a todos los ceporros que aún atacan la homosexualidad y se escandalizan ante ella, que es en lo que se queda finalmente este amago de película (por cierto, ¿en qué se han gastado los 30 millones del presupuesto?). En resumen, y en pocas palabras, que Brüno es gay, muy gay, alocadamente gaaaaaaaaay… Vale, ¿y qué?
Sacha Baron Cohen, el provocador
Julio 13, 2009

Autor: Jesus León
Acaba de estrenar su última película ‘Brüno’, con un notable tirón y cuyas cifras de recaudación a buen seguro lo colocarán en el número uno. ¿Que tiene Sacha Baron Cohen para conquistar al público? Pues una gran capacidad para llevar sus personajes a la máxima capacidad de provocación, con grandes dosis de humor gamberro, paródico y con abundantes dosis de grosería.
Alcanzó enorme trascendencia con ‘Borat’, donde daba rienda suelta a su peculiar estilo, llevando a uno de sus personajes a liderar taquillas internacionales. Pero tras el personaje, con el que se fusiona hasta el extremo, está un cómico británico de exitosa trayectoria televisiva y, ahora cinematográfica, al que le queda, a partir de ahora, un intrigante futuro. ¿Será capaz de continuar logrando éxitos con nuevos personajes? Y es que su galería parece ya agotarse.
Tras saltar a la fama con Ali G, expandir su notoriedad con Borat y, ahora, continuar con Brüno, mucho tendrá que trabajar si quiere continuar el camino de la provocación, de la parodia y del falso documental con clara finalidad crítica (aunque bastante más políticamente correcta de lo que pretende y aparenta).
A pesar de que es todo un experto en promocionarse. Basta ver cómo ha llevado su personaje de Bruno a muchos escenarios para darse a conocer, para explotar su actitud provocadora y para reirse hasta de su sombra, aunque eso le lleve a casi perder su verdadera identidad.
Sacha Baron Cohen, de formación universitaria, siempre se veía como un cómico capaz de atraer la atención. Así, la televisión fue el medio donde se dio a conocer y que le sirvió para dar rienda suelta a su creatividad. Por ello, a finales de los noventa contaba con fama suficiente con sus personajes más aclamados (Ali G, Borat y el propio Bruno) como para tener su propio show ‘Da Ali G Show’, que bien supo aprovechar y convertir en todo un bombazo. Acumuló premios, carcajadas, aplausos y un puñado notable de fans, entre los que se contaban desde celebrities de todo pelaje hasta la propia reina de Inglaterra.
En territorio británico ya lo tenía conquistado y por ello, gracias al cine, desembarcó en Estados Unidos. En 2002 estrenó ‘Ali G anda suelto’ (Ali G Indahouse’), una película sin demasiada relevancia, pero que suponía su debut con su personaje por excelencia y la expansión de su fama.
Un personaje que resume las principales cualidades que Baron Cohen impregna en sus creaciones: provocar hasta la molestia, ser un idiota integral e intentar, a través de la comedia hacer crítica social y política. Particularmente Ali G, un pasota rapero convertido en héroe ocasional, no logró convencerme en el film dirigido por Mark Mylod, es más, me resulta bastante mediocre (aunque el doblaje español realizado por Gomaespuma la convirtió en una película casi diferente, mejorando mucho los diálogos absurdos, pero desvirtuando al personaje casi por completo).
Se nota, quizás, que era su primera incursión con el mero objetivo de explotar al personaje con el que emergió en el Reino Unido (por cierto, territorio donde únicamente la película obtuvo buenos resultados). Baron Cohen en su esencia, haciendo sus habituales estupideces, su lenguaje soez y su habitual homofobia, machismo y chistes escatológicos.
Con ‘Borat’, estrenada en 2006, afinó más a la hora de plasmar su personaje y con el hábil Larry Charles en la dirección plasmaron un guión más elaborado, que intentaba sacar todo el partido vistiéndolo de falso documental. El reportero kazajo que aterrizaba en Estados Unidos para burlarse de todo lo yanki lograba convencer. A pesar de incluir todo lo ya comentado acerca de la idiosincrasia del personaje, el resultado lograba ser bastante más inteligente, reflexiva y mordaz de lo que se esperaba. Rompía la barrera de comedia paródica, para contener momentos hilarantes, no exentos de polémica no apta para todos los públicos, con una finalidad clara: un incisivo análisis social con fuerte crítica paralela.
Baron Cohen había logrado acertar a la hora de llevar al cine uno de sus principales personajes, había encandilado a más público y había logrado reirse de la sociedad estadounidense, como pocas veces se recuerda, siendo aceptado y hasta aplaudido por grandes mayorías.
Tras intervenir en ‘Sweeney Todd’ haciendo en un personaje creado a su entera medida (y poner voz a ‘Madagascar 2’), Sacha Baron Cohen se ha vuelto a poner la máscara, esa en la que se ampara para hacer el gamberro, transformándose en Bruno, un reportero de moda austríaco y homosexual que intenta lograr la fama a toda costa. Las primeras críticas parecen indicar que no ha llegado artísticamente a las cotas de ‘Borat’, pero sí que ha parece haber conquistado a cada vez más público y ya se ha erigido en un cómico venerado en todo el mundo. A pesar de que su humor no es precisamente apto para todos.


Autor: Alberto Abuín
Exactamente la misma cifra ha obtenido ‘Ice Age 3: El origen de los dinosaurios’ en su estreno que ‘Transformers: La venganza de los caídos’ en su segunda semana. Al film de Michael Bay ya nadie le quita el ser uno de los dos o tres títulos más taquilleros de los últimos años. La tercera entrega de ‘La edad de hielo’ empieza con buen pie, aunque la crítica no la encumbra por ningún lado; eso sí, el público votante en la IMDb, menos exigente y fácil de contentar como el público en general, la pone bastante bien. En nuestro país ya puede disfrutarse desde el pasado viernes, y en 3-D (en algunas salas), experiencia que vale la pena.
‘Enemigos públicos’ se ha quedado bastante por debajo de los dos films mencionados, y eso que se trata de la reunión en pantalla de Christian Bale y Johnny Depp, dos de los actores actuales más admirados. Este film de gangsters, que en su planteamiento puede recordar a ‘Heat’, ha satisfecho a la crítica en general, y el público votante parece aún más alucinado. Aquí tendremos que esperar al 14 de agosto.